Ante la Asamblea General, vinculó el reclamo de soberanía con su crítica al multilateralismo y defendió un marco sin regulación preventiva para la inteligencia artificial.
Javier Milei volvió a colocar a Malvinas en el centro de su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero esta vez el reclamo de soberanía funcionó también como argumento para cuestionar el funcionamiento del organismo internacional. En Nueva York, el Presidente sostuvo que la ONU perdió autoridad porque sus resoluciones no tienen consecuencias efectivas y utilizó la disputa con el Reino Unido como una de las principales pruebas de esa afirmación.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional”, afirmó Milei, antes de plantear que la situación de las islas demuestra “la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad”. En ese punto, el mandatario apuntó directamente contra Naciones Unidas y sostuvo que la Argentina no esperará a que el organismo o la comunidad internacional actúen para avanzar en su reclamo.
La crítica se apoyó en el incumplimiento, según la interpretación del Gobierno, de las resoluciones vinculadas con la cuestión Malvinas y en la explotación de recursos naturales alrededor de las islas. El Gobierno ya había avanzado este mes con sanciones contra empresas y personas vinculadas a actividades hidrocarburíferas y había enviado al Congreso un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
El uso de la causa Malvinas contra la ONU
El argumento le permitió a Milei ampliar su cuestionamiento más allá de la disputa bilateral. Para el Presidente, el problema no está solamente en la falta de avances sobre la soberanía argentina, sino en la capacidad de los organismos multilaterales para hacer cumplir sus propias decisiones.
En uno de los pasajes más duros de su intervención, calificó a la ONU como una “organización inútil” y cuestionó que sus resoluciones carezcan de consecuencias cuando los Estados no las cumplen. También, según consigna Infocielo, cargó contra la Agenda 2030 y contra el papel de los organismos internacionales durante la pandemia, en línea con críticas que ya había formulado en anteriores intervenciones internacionales.
“La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato; va a tomar cartas en el asunto” sostuvo.
La cuestión Malvinas quedó así integrada a una mirada más amplia sobre el orden internacional. Milei reivindicó el reclamo argentino y llamó nuevamente al Reino Unido a retomar las negociaciones, pero al mismo tiempo planteó que la Argentina debe avanzar por sus propios medios en la defensa de sus intereses.
Ese planteo también se conecta con las medidas adoptadas durante septiembre. El Gobierno creó un sistema de articulación de la política exterior para coordinar las acciones vinculadas con la soberanía sobre las islas y, posteriormente, envió al Congreso el proyecto que busca sancionar a quienes exploten recursos naturales en el área sin autorización argentina.
De Malvinas a la inteligencia artificial
La otra parte del discurso llevó esa desconfianza hacia la regulación internacional al terreno tecnológico. Milei presentó a la inteligencia artificial como una oportunidad económica antes que como una amenaza y rechazó que la respuesta frente a los riesgos de la nueva tecnología sea aumentar los controles estatales.
“La inteligencia artificial será la fábrica de alfileres del siglo XXI”, sostuvo, recuperando una referencia que ya había utilizado en otros discursos para explicar su visión sobre la productividad y el crecimiento económico.
El Presidente pidió descartar los escenarios distópicos vinculados con la destrucción de empleos y sostuvo que el desarrollo de la IA puede generar un salto de productividad comparable con el que Adam Smith observó al estudiar la división del trabajo.
Pero el punto central de su propuesta fue político y regulatorio: Argentina, dijo, buscará ubicarse “en la vanguardia de la libertad” frente a la inteligencia artificial, con un marco jurídico que evite la regulación preventiva.
“¿Eso exige prudencia? Sí. Pero prudencia no significa miedo”, planteó Milei. Y agregó que el miedo no debería transformarse automáticamente en obediencia.
Un polo de IA con menos controles
El proyecto que presentó Milei ante la Asamblea General incluye una definición concreta sobre el rol que pretende para la Argentina en la nueva economía tecnológica: atraer inversiones y convertirse en un lugar competitivo para desarrollar inteligencia artificial.
El Presidente enumeró los recursos que, según su visión, tiene el país para hacerlo: minerales críticos, energía, talento y capacidad para participar de los distintos eslabones de la cadena de valor.
Según afirmó, la propuesta incluye un “marco jurídico de vanguardia”, el compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de inteligencia artificial y beneficios fiscales.
En el cierre de ese tramo, el Presidente volvió además sobre su alineamiento internacional y sostuvo que la Argentina eligió “sin ambigüedades” a Occidente, con Estados Unidos e Israel como socios estratégicos. En materia tecnológica, vinculó esa posición con la necesidad de que Occidente lidere el desarrollo de la inteligencia artificial bajo principios que definió como libertarios.
