Por Matías David abogado, referente Libertario y secretario general de la Agrupación “Nueva Generación Libertaria”
El inicio del ciclo legislativo 2026 en San Martín no fue más que la puesta en escena de un libreto repetido: la victimización como estrategia de supervivencia política. El intendente Fernando Moreira inauguró las sesiones ordinarias con un discurso cargado de épica defensiva, presentándose como el último bastión de un «Estado presente» frente a un «ajuste feroz» del Gobierno Nacional. Sin embargo, detrás de la retórica de la resistencia, los datos fríos revelan una gestión que ha claudicado en sus funciones básicas, transformando la histórica «Capital de la Industria» en un laboratorio de asistencialismo y propaganda cultural financiada con los impuestos de un sector privado que agoniza.
1. El mito del «ADN Industrial» frente al fracaso local
Moreira intentó sonar combativo al prometer defender el «ADN industrial» del distrito. No obstante, sus propias cifras lo desmienten: las fábricas de San Martín operan hoy apenas al 46,8% de su capacidad instalada. Si San Martín es el corazón productivo de la provincia, ese corazón hoy late a media máquina bajo la mirada de una gestión municipal que prefiere señalar hacia la Casa Rosada antes que revisar su propia estructura de tasas municipales asfixiantes.
Un municipio que realmente defiende la industria no se limita a «observar» cómo el empleo cae un 6,3%; actúa bajando la carga impositiva local y eliminando la burocracia que impide que las PyMEs sobrevivan. En San Martín, la «defensa de la industria» parece ser apenas un eslogan para los actos públicos, mientras en los parques industriales reina el silencio y la incertidumbre.
2. ¿Eficiencia o asistencialismo descontrolado? Administrando la miseria
El intendente se jactó de ser «eficiente», pero su definición de eficiencia es, cuanto menos, cuestionable. Reconocer que el Municipio debió triplicar la inversión en política alimentaria y entregar más de 208.186 bolsas de alimentos no es un logro de gestión, es el certificado de defunción de un modelo de desarrollo.
La gestión Moreira ha mutado en una gigantesca central de distribución de asistencia directa. Al ampliar la red a 134 comedores y 84 merenderos, el municipio no está «protegiendo el tejido social», está consolidando una estructura de dependencia. En lugar de fomentar programas de inserción laboral genuina o incentivos a la contratación local, la gestión parece haber encontrado en la bolsa de mercadería su principal herramienta de contención política.
3. Presupuesto 2026: ¿Salud o «Fiesta» Permanente?
Quizás el punto más irritante para el contribuyente sea la discrecionalidad en el uso de los recursos. Moreira denunció un agujero fiscal de 100.000 millones de pesos y un sistema de salud municipal al límite, con un aumento del 15% en la demanda de vecinos que ya no pueden pagar una obra social. Sin embargo, en medio de esta supuesta «emergencia», el intendente anunció con bombos y platillos la realización de 6.000 espectáculos artísticos y 430 talleres gratuitos.
¿Cómo se explica que falten insumos en los 24 efectores de salud o que se reclame por el desfinanciamiento de medicamentos, mientras se destinan millones a una agenda cultural de «pan y circo»? La prioridad parece clara: es preferible sostener la visibilidad política a través de eventos y remodelaciones estéticas en parques que invertir ese dinero en las guardias médicas o en equipamiento de seguridad que realmente combata el delito.
4. Seguridad: Ideología vs. Realidad
En materia de seguridad, San Martín sigue siendo una de las «zonas rojas» del Conurbano, pero para Moreira el problema parece ser el debate legislativo y no la delincuencia. Al calificar la baja de la edad de imputabilidad como un «atajo», el intendente prioriza su pureza ideológica por sobre el reclamo desesperado de los vecinos que son asaltados a diario en Villa Ballester, José León Suárez o Billinghurst.
Presumir la incorporación de 33 patrulleros en un distrito de casi medio millón de habitantes es una burla frente a las más de 4.800 intervenciones que el propio COM debió realizar. La seguridad en San Martín es una competencia que el municipio intenta «sacarse de encima» alegando que es responsabilidad provincial, mientras los vecinos quedan atrapados en la inacción local.
5. Obra pública: El «eterno» anuncio de lo inconcluso
Finalmente, Moreira cuestionó la política nacional de infraestructura mientras prometía, una vez más, la finalización del Paso Bajo Nivel Perdriel y la limpieza del Zanjón Güemes. Estas obras, que ya deberían ser realidades cotidianas para los vecinos, se han convertido en monumentos a la desidia que solo aparecen en los discursos de apertura de sesiones.
Atribuir la parálisis al «abandono nacional» de los últimos dos años es una verdad a medias que oculta una incapacidad de gestión crónica. Si el municipio es tan «eficiente» y tiene «recursos propios» para tantas otras áreas menos urgentes, ¿por qué no se priorizaron estas obras críticas antes de que el contexto nacional las volvieran inviables?
El discurso de Fernando Moreira fue una oda a la resignación disfrazada de épica. San Martín se encamina a un 2026 donde la industria seguirá en caída libre, la seguridad será una materia pendiente y el presupuesto se quemará en asistencia directa y eventos culturales. Mientras el intendente siga mirando hacia afuera para justificar sus falencias, los problemas reales de los vecinos seguirán esperando en la puerta del Palacio Municipal.








