Por Matías David abogado, referente Libertario, secretario General de Nueva Generación Libertaria
Hace ya varios años que la gestión encabezada por el intendente Fernando Moreira está en el centro de las críticas de vecinos, comerciantes, trabajadores municipales y sectores de la oposición. Lejos de mostrar avances, lo que se observa a simple vista es un municipio estancado, desordenado y que parece haber perdido contacto con la realidad de quienes viven y trabajan en el distrito.
Una de las quejas más repetidas tiene que ver con la infraestructura. Calles rotas, baches que permanecen meses sin arreglar, veredas intransitables y desagües tapados que inundan barrios enteros ante cualquier lluvia son el pan de cada día. Las pocas obras que se anuncian suelen demorarse años o quedan a medias, sin fecha de finalización. Mientras tanto, el presupuesto municipal crece año tras año, pero no se ve reflejado en la calidad de vida de la gente.
El sector comercial es uno de los más afectados. Los comerciantes denuncian trabas burocráticas interminables, falta de respuestas ante pedidos de habilitaciones o mejoras en las zonas comerciales, y un control que muchas veces se siente más como persecución que como acompañamiento. No hay planes de fomento, ni agilización de trámites: todo funciona lento, confuso y con poca transparencia.
Los vecinos, por su parte, reclaman falta de limpieza en las calles, recolección de residuos irregular, espacios verdes descuidados y plazas que parecen abandonadas. El municipio actúa como si no escuchara: los reclamos por vía telefónica, redes sociales o notas formales suelen quedar sin respuesta, como si la administración estuviera de espaldas a la comunidad.
Otro punto fuerte de las críticas es la falta de información clara sobre cómo se gastan los fondos públicos. No hay rendiciones de cuentas detalladas ni accesibles, y las decisiones parecen tomarse en un círculo cerrado, sin abrir espacios reales de participación. Cuando se presentan reclamos o pedidos de información, las respuestas tardan meses o nunca llegan —tal como ocurre incluso con los propios trabajadores y delegados gremiales, cuyas notas y solicitudes se acumulan sin tratamiento.
Esta misma lógica se traslada a los reclamos de justicia y transparencia: hay denuncias pendientes, pedidos de resguardo de documentación y solicitudes de investigación que el municipio no atiende, generando sospechas de ocultamiento y protección de intereses internos.
Para muchos sectores, la gestión de Moreira ha demostrado estar agotada, desactualizada y alejada de las necesidades reales del distrito. En lugar de gobernar para resolver problemas, la administración parece dedicada a mantener el funcionamiento interno sin cambios, ignorando las urgencias cotidianas.
San Martín tiene potencial, pero hoy se ve frenado por una gestión que no da respuestas, no cumple con sus obligaciones y hace que el municipio parezca detenido en el tiempo.








