Marcelo Bello, Ariel Collia y Germán Montenegro representan recorridos políticos diferentes, pero volvieron a coincidir en una misma escena. La conducción partidaria intenta mantener unida una estructura que en las últimas elecciones mostró fuertes diferencias.
El radicalismo de Tres de Febrero parece haber encontrado una fórmula para convivir con sus diferencias: mantener abiertas todas las puertas.
La reciente reunión de Maximiliano Abad con Marcelo Bello, Ariel Collia y Germán Montenegro en el senado de la nación expuso una particularidad de la política radical local. Tres dirigentes con recorridos diferentes volvieron a compartir una misma escena política, mientras cada uno conserva sus propios vínculos y espacios de influencia.
La imagen no significa que hayan desaparecido las diferencias. Tampoco que exista una alianza electoral definida para 2027. Pero sí muestra que el diálogo interno continúa.

Tres dirigentes, tres recorridos
Marcelo Bello tiene participación dentro de la estructura de gobierno municipal. Ariel Collia cuenta con la representación del sindicato de trabajadores municipales y una estructura política propia. Germán Montenegro, por su parte, conduce actualmente el radicalismo local y mantiene *un vínculo político directo con Abad.
Los tres representan sectores que durante los últimos procesos electorales no siempre coincidieron.
La elección pasada fue una muestra de esa diversidad. Mientras algunos dirigentes se acercaron al espacio libertario, otros participaron de Nuevos Aires y otros sectores se ubicaron en Somos Buenos Aires.
La paradoja es que aquella fragmentación electoral no terminó de romper la estructura partidaria. Por el contrario, el radicalismo logró posteriormente avanzar en una conducción común.
Todos necesitan a todos
La política local suele tener una regla que pocas veces aparece escrita: las diferencias electorales pueden convivir con acuerdos partidarios. Eso parece estar ocurriendo nuevamente en Tres de Febrero.
Para Bello, mantener un vínculo con el oficialismo puede representar una herramienta política. Para Collia, su estructura sindical constituye un activo propio. Para Montenegro, conservar un radicalismo ordenado implica sostener la identidad y la estructura partidaria.
Son intereses diferentes, pero no necesariamente incompatibles.
Y ahí aparece la verdadera discusión que empieza a tomar forma: qué hará cada sector cuando llegue el momento de definir las alianzas de 2027.

La mesa todavía está abierta
En el radicalismo nadie parece querer cerrar anticipadamente ninguna puerta. Una eventual alianza con sectores libertarios es una posibilidad que forma parte de la conversación política, pero también existe la alternativa de competir con una propuesta propia si los acuerdos no alcanzan.
La experiencia reciente dejó una enseñanza para los dirigentes locales: divididos pueden conservar sus identidades, pero difícilmente puedan exhibir todo el potencial electoral que históricamente tuvo la UCR en el distrito. De ahí que el famoso 10/12% vuelva a aparecer en las conversaciones internas.
No como una garantía electoral, sino como el capital que el radicalismo cree que puede volver a poner sobre la mesa si consigue transformar la unidad partidaria en una estrategia electoral común.
La foto con Abad, Bello, Collia y Montenegro adquiere otra dimensión
No es una foto de dirigentes que dejaron de tener diferencias. Es la foto de dirigentes que, pese a ellas, entienden que todavía necesitan hablar entre sí. Y en política, cuando falta más de un año para una elección, mantener abierta la mesa puede ser tan importante como definir de qué lado se va a jugar.








