La decisión la tomó Patricia Bullrich en acuerdo con aliados y sin intervención de la Casa Rosada. El proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada se votará este jueves sin ese capítulo. El contundente rechazo popular hizo caer apoyos en un “efecto dominó”. La trastienda.
El contundente rechazo popular a la liberación de la venta de tierras a privados extranjeros rindió sus frutos. En cuestión de horas, los votos se desmoronaron como un castillo de naipes y Patricia Bullrich, jefa del bloque libertario, acordó este miércoles con aliados retirar ese capítulo del proyecto. La decisión significó una estrepitosa derrota para el Gobierno, que venía perdiendo terreno en la discusión pública e iba a retroceder también en la calle.
La decisión de desistir con el capítulo polémico (el 3) fue enteramente de los senadores, según coincidieron varios de los participantes de la reunión. El Gobierno no solo no intervino: hay quienes admitieron que el mentor de la idea, el ministro Federico Sturzenegger, se enteró de la noticia por los medios de comunicación. Fue un cortocircuito interno más de los que se venían dando en las negociaciones.
En las oficinas del bloque radical, en el segundo piso del Senado, Bullrich terminó de corroborar ante un grupo de dialoguistas que no tenía los votos y que persistir en el objetivo significaba un riesgo mayor. Por eso, al inicio de la sesión que empezará este jueves a las 14, el senador libertario Agustín Coto anunciará formalmente, como miembro informante, que no habrá cambios en Tierras.
Se votará todo el resto del proyecto, que entre otros puntos agiliza los desalojos por ocupaciones ilegales y por mora en el pago de alquiler; endurece los requisitos para que el Estado expropie empresas; y deroga la ley que prohíbe cambiar el uso que se le da a las tierras incendiadas. Aunque son cambios relevantes, el texto original fue descuartizado y está muy lejos de ser el que soñaba Sturzenegger.
Bullrich había hecho un último y desesperado intento, el martes, de recuperar el relato ante la sociedad. La líder de la bancada oficialista se puso al hombro la iniciativa en una conferencia de prensa donde intentó reforzar argumentos y negó una pérdida de soberanía. Pero dio por asegurados votos que no tenía. Puntualmente, los de aliados de Tucumán, Salta y Neuquén.
También hubo malestar por el “manoseo” del proyecto, que ya había alcanzado su versión número 16. “El proceso no fue transparente de cara a la sociedad y eso generó todo tipo de rumores y especulaciones”, dijeron. Las numerosas modificaciones iban a plasmarse en el recinto, algo muy riesgoso en una votación tan ajustada. “En el fragor de la discusión, cualquier ruido podía hacer caer todo”, razonó un senador.
Pero más allá de la estrategia política, la presión social fue clave para frenar la nueva Ley de Tierras. Para este jueves estaba convocada una movilización al Congreso Nacional que se preveía multitudinaria, con participación de partidos políticos, organizaciones sociales, ambientalistas, sindicales, y también figuras públicas. El rechazo también se replicaba fuerte en las provincias.








